14/11/13

The sun will set to rise?


En su bañera caía el agua teñida de rojo. Se podía percibir un suave aroma a mandarina mezclado con tristeza. Las paredes también podían percibir su desesperación. Éstas lloraban con ella. Secó su piel y se quitó el maquillaje mientras miraba el espejo con cara de enojo, de rabia, aunque también de temor.

Se metió en la cama. Su almohada deseaba que algún día ella no la empapara. No hubo suerte hoy tampoco. Ella deseaba tantas cosas que incluso le suponía un peso.

Cerró los ojos agotada.

La luz que entraba por los cristales la hizo despertar. Sintió rara la habitación, el ambiente, pero le gustaba. Miró sus brazos y sus piernas y se sorprendió al descubrir que sus heridas se habían curado, sus cicatrices habían desaparecido sin dejar ningún rastro. Volvía a ser ella, con su piel limpia y delicada. Se miró en el espejo pensando en qué ponerse, y por primera vez vio aquello que ellos veían en ella. Belleza, tanto en su cara y cuerpo como en su aura. De repente quiso ser feliz, quiso aprovechar todo el tiempo que había perdido hundida en sentimientos amargos, quiso enseñarle al mundo que se había propuesto cumplir sus sueños.

Por desgracia, era demasiado tarde. Ya nadie podía verla. Su vida se había agotado. 

7/11/13


Está nublado y no se ve bien. No se ve bien la dirección en la que estás llevando tu propia vida. Llevas tanto tiempo esperando que se te olvidó lo que esperabas, hasta tal punto que ahora solo quieres que pase el tiempo, pero ¿qué vendrá después del tiempo? ¿Llegará lo que esperabas? Pero si no sabes ni lo que esperas... El tiempo pasa más despacio cuando todo está en ruinas. Es increíble lo mucho que se tarda en construir algo, para que en milésimas de segundo, ese algo se destruya, deje de existir. Luego solo queda recoger los trozos, quizás volverlo a construir. Pero la vida, como un espejo, cuando se rompe, luego quedan las grietas. Nunca volverá a ser perfecto como fue en su principio, siempre tendrá las cicatrices. Cicatrices que te recuerdan que has estado atrapado y que nunca más volverás a ser tú. 

20/8/13

¿Real o ilusión?


Entonces, la oscuridad se apoderó de mi, como el frío se apodera del cielo en el mes de noviembre. Me consumía, como se consume un cigarrillo en su dulce boca. Mis alas se habían apagado. La sangre brotaba de mis brazos dejando un rastro de dolor. Mi respiración era cada vez más leve y mi corazón se había congelado, tanto que incluso quemaba. Quemaban los recuerdos, quemaban las palabras, quemaba toda una vida.
Fue entonces cuando, entre las sombras, vi sus ojos. Unos ojos llenos de luz, llenos de vida. Unos ojos que me decían que no podía dejarme vencer.
Quizás no era tan tarde.

20/7/13


Soy una mezcla entre resplandores de alegría, cierta musicalidad, miedo, y una enorme inseguridad. A pesar de tantas nubes sobre mi cielo, siempre he conseguido ver ese rayito de luz que logra, con dificultad, traspasar aquella condensación de agua que tanto me oscurece. Aunque siempre intento dar lo mejor de mi, soy como una canción tocada por un guitarrista principiante, como el cuadro de un niño, o como la historia que alguna vez tuviste que hacer para lengua en la cual no pusiste ningún interés por hacer. Soy de esas personas que no corren muy rápido, y si el mundo se empieza a caer, quedan atrapadas. Atrapadas en dolor. Un dolor que poco a poco se hace insoportable y se tiene que buscar la forma de calmarlo. Yo la busqué en mi. Desde entonces, tengo el recuerdo marcado de cuando estuve atrapada, en aquel pozo oscuro, y es lo que me recuerda cada día que se puede salir. Hay que trepar y cuesta, pero se puede, y pude.



No creo en las casualidades, creo que todo tiene un porqué aunque no lo sepamos. Este último año me he dado más cuenta de ello que nunca, cada cosa ha ido encajando en su sitio. No fue casualidad ese siete de abril, tampoco el trece del año siguiente. Ni fue casualidad aquel verano en Canadá, como tampoco esos días esquiando con ellos. Probablemente la cena de mi cumpleaños, tuvo más motivos de ser, aparte de los diecisiete, que ahora no solo es el número de años que tengo. Cada hecho, cada palabra, ha tenido una razón de ser. Ahora tampoco veo la casualidad en haber enviado un mensaje aquel día y haber empezado una conversación que nos ha traído hasta aquí. No sé qué queréis que os diga, pero que ahora mismo esté pensando en él, tampoco lo creo casualidad. 




Y entonces, bajo la lluvia y en la oscuridad de mis días, mi inspiración se perdió por completo. 
Parece como si el tiempo no hubiese pasado cuando miras hacia atrás, pero el tiempo pasa más lento cuando se trata de ir cuesta arriba. El silencio se hace pesado, es el grito más doloroso jamás soltado y lo único que queda es luchar por no caer, a veces luchar contra tu propia mente, que te juega malas pasadas y es la que más rápido te hace caer, por muy paradójico que suene. Pero aquí estoy. Aquí estamos mi inspiración y yo, y espero que haya vuelto para quedarse. 

22/3/13



Siempre me he negado a mantener los pies en el suelo, ¿para qué andar cuando puedes volar?. En realidad volar no es nada fácil, pero la verdad es que siempre he querido llegar muy alto, así que me dedico a hacer crecer mis alas y aprender a utilizarlas. 
Muchas veces me dicen "no podrás llegar", "es muy difícil", "no te hagas ilusiones", "deberías pensar mejor en las cosas que están a tu alcance, como todas las personas", entonces decido que no soy como "todas las personas" y que no quiero pensar en "cosas que estén a mi alcance".
 Esto me recuerda a aquel libro que mi madre me regaló hace unos seis años, Juan Salvador Gaviota, una pequeña gaviota que quería llegar al cielo volando, y todos le decían que se dedicase a volar para sobrevivir. Pues yo no quiero volar para sobrevivir, yo quiero sobrevivir para volar, y cada vez hacerlo mejor, como aquella gaviota. Si me tengo que caer, lo haré, y me levantaré otra vez para poner mis alas en marcha y así intentarlo una y otra vez hasta conseguirlo, llegar a lo más alto y convertirme en lo que quiero ser.