No creo en las casualidades, creo que todo tiene un porqué aunque no lo sepamos. Este último año me he dado más cuenta de ello que nunca, cada cosa ha ido encajando en su sitio. No fue casualidad ese siete de abril, tampoco el trece del año siguiente. Ni fue casualidad aquel verano en Canadá, como tampoco esos días esquiando con ellos. Probablemente la cena de mi cumpleaños, tuvo más motivos de ser, aparte de los diecisiete, que ahora no solo es el número de años que tengo. Cada hecho, cada palabra, ha tenido una razón de ser. Ahora tampoco veo la casualidad en haber enviado un mensaje aquel día y haber empezado una conversación que nos ha traído hasta aquí. No sé qué queréis que os diga, pero que ahora mismo esté pensando en él, tampoco lo creo casualidad.

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