Dulce chica, aquella que pensaba que alguien podía quererla. Vagaba siempre buscando quién la acompañase por el camino de la vida, alguien a quien no le importase sus quebraderos de cabeza. Solía encontrarse con intentos de personas. Si, intentos, porque a las personas como animales, se preocupan de los de su manada; a estos intentos solo les preocupaba ellos mismos. Lo triste es que cada vez quedaban menos personas. Pero ella no lo sabía. Tampoco sabía que su corazón se iba congelando poco a poco a medida en el que el daño que le hacían aumentaba. Así fue como un día, su corazón murió de frío llevándose todo en lo que ella creía. Ella siguió caminando, pero ya no buscaba a nadie, tampoco buscaba nada, solo esperaba que el tiempo pasara para consumirse con él.
Triste chica, aquella que nunca supo que habían llegado a quererla.

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