20/7/13


Soy una mezcla entre resplandores de alegría, cierta musicalidad, miedo, y una enorme inseguridad. A pesar de tantas nubes sobre mi cielo, siempre he conseguido ver ese rayito de luz que logra, con dificultad, traspasar aquella condensación de agua que tanto me oscurece. Aunque siempre intento dar lo mejor de mi, soy como una canción tocada por un guitarrista principiante, como el cuadro de un niño, o como la historia que alguna vez tuviste que hacer para lengua en la cual no pusiste ningún interés por hacer. Soy de esas personas que no corren muy rápido, y si el mundo se empieza a caer, quedan atrapadas. Atrapadas en dolor. Un dolor que poco a poco se hace insoportable y se tiene que buscar la forma de calmarlo. Yo la busqué en mi. Desde entonces, tengo el recuerdo marcado de cuando estuve atrapada, en aquel pozo oscuro, y es lo que me recuerda cada día que se puede salir. Hay que trepar y cuesta, pero se puede, y pude.



No creo en las casualidades, creo que todo tiene un porqué aunque no lo sepamos. Este último año me he dado más cuenta de ello que nunca, cada cosa ha ido encajando en su sitio. No fue casualidad ese siete de abril, tampoco el trece del año siguiente. Ni fue casualidad aquel verano en Canadá, como tampoco esos días esquiando con ellos. Probablemente la cena de mi cumpleaños, tuvo más motivos de ser, aparte de los diecisiete, que ahora no solo es el número de años que tengo. Cada hecho, cada palabra, ha tenido una razón de ser. Ahora tampoco veo la casualidad en haber enviado un mensaje aquel día y haber empezado una conversación que nos ha traído hasta aquí. No sé qué queréis que os diga, pero que ahora mismo esté pensando en él, tampoco lo creo casualidad. 




Y entonces, bajo la lluvia y en la oscuridad de mis días, mi inspiración se perdió por completo. 
Parece como si el tiempo no hubiese pasado cuando miras hacia atrás, pero el tiempo pasa más lento cuando se trata de ir cuesta arriba. El silencio se hace pesado, es el grito más doloroso jamás soltado y lo único que queda es luchar por no caer, a veces luchar contra tu propia mente, que te juega malas pasadas y es la que más rápido te hace caer, por muy paradójico que suene. Pero aquí estoy. Aquí estamos mi inspiración y yo, y espero que haya vuelto para quedarse.